martes, 3 de abril de 2007

300 o el arte al servicio del Imperio


Cuando hace un tiempo se anunció con toda pirotecnia publicitaria el estreno de la superproducción Troya, mis recuerdos de adolescente de la obra fundadora de la literatura occidental – la Iliada – me hicieron desear que la película fuese estrenada cuanto antes en Cuba.

No fueron pocas las noches que paso este adolescente creando su propia versión fílmica mental de los sucesos de la guerra de Troya, concibiendo a cada uno de los personajes, de las situaciones y tramas con al ayuda de la épica envidiable del poeta ciego. Cual no sería entonces mi decepción al toparme con que los héroes de Homero eran caricaturizados, mal esbozados y, siendo lo menos cruel posible, mal logrados en casi tres horas de un film que contaba una historia que nada tenía que ver con la real.

Aquíles ni siquiera era un príncipe sino una versión helenizada de un Ranger o Fuerza Delta preocupado tan sólo por ser la mejor maquina de matar de todo el ejército griego y con pasos de combate que me recuerdan más las películas de Jet Lit que un film sobre la Grecia del 13 antes de nuestra era. Patroclo de un guerrero hábil y capaz se convirtió apenas en un imberbe adolescente, Héctor, troyano hasta la médula en la obra literaria y por tanto ferviente adorador de Poseidón, se nos revela como un ateo adelantado a su época. Y así pudiera seguir descuartizando el film escena por escena y personaje – todos inocuos e incapaces de trasmitir sensaciones reales sino meros clichés – hasta completar la versión libre que nos regalo Hollywood.

Y no es que yo sea un detractor de las versiones basadas en las grandes obras literarias o que no entienda que al llevar la literatura al cine se deben conceder a los directores y guionistas ciertas libertades, ¿pero quien pone los limites a esto? La verdad histórica. Si dejamos de entender que en la actualidad la mayoría de los jóvenes tienen una tendencia marcada a no leer – gracias precisamente al cine y la TV – y que muchas veces la aproximación cinematográfica es la única que tienen a estos clásicos, no seremos capaces de ver el peligro que representa filmes como Troya: la destrucción total de nuestro patrimonio cultural y la malversación de la verdad para fines de todo tipo.

Con esta experiencia previa ¿A quien le asombra entonces la nueva visión al mundo helénico que nos trae el cine del norte con 300? Pero lo peor de todo es que ahora es un hecho histórico puro – y no es que la guerra de Troya no lo halla sido – que esta siendo vulgarmente utilizado como parte de la propaganda de guerra de los Estados Unidos, aunque eso sí de una manera muy impresionante y grandilocuente como nos tienen acostumbrados este imperio del cine.

Para quienes no estén familiarizados con la película aun o con los hechos reales, les doy una sinopsis. La película se basa en la famosa batalla de Termópolis en la que el ejercito espartano – que representa en el film al mundo civilizado occidental – liderado por Leonidas I se enfrento con las tropas Persas – Iraníes – de Jerjes I en una lucha cruenta donde los espartanos eran superados en número por los persas.

Si bien durante muchos siglos se ha considerado por los historiadores esta batalla como uno de los ejemplos de heroicidad de fuerzas militares, porque ante la real desventaja los griegos se batieron causando estragos entre las tropas de los persas, igualmente coinciden los historiadores de que no se trata en ningún caso de una historia de lucha entre el bien y el mal – el sentido épico fantástico -, sino más bien una guerra de conquistas. En esta batalla lo que se movieron no fueron los intereses de bondad y patriotismo sino los intereses de expansión territorial y orgullos tontos. No podemos ver en ninguno de los dos lideres un modelo de rectitud y es que es imposible que lo fueran, antes del día de la batalla acumulaban ya las suficientes matanzas en su haber como para estar pensando en ellos en términos de bien y mal absoluto. De hecho esta es una batalla que pudo en cualquier caso no suceder si Leonidas hubiese aceptado, pues antes del enfrentamiento y viendo que superaba a los griegos en fuerzas Jerjez le ofreció la rendición, lo que de plano fue rechazado por el líder espartano que lanzo a sus tropas – que como los jóvenes soldados americanos hoy en día no les queda otra que obedecer – a una muerte casi segura.

Pero donde esta el verdadero peligro de esta película ¿En tomarse “libertades creativas con la historia”? Pudiera ser y sería perdonable si el momento en que sale a la pantalla la película y si en el modo en que se manejan los hechos históricos no se notara tan marcadamente sus intenciones políticas.

300, que por cierto no es el número real de soldados espartanos que participaron en la batalla y apenas si se refiere este número a la muy leal guardia personal de Leonidas, es una franca alusión al conflicto entre los Estados Unidos e Irán, es una manipulación de la historia con intenciones de camuflar lo que sería una guerra de rapiña por el petróleo del golfo pérsico – esto si Estados Unidos invade Irán como se teme – y hacerlo pasar como un choque de civilizaciones, en el que – evidentemente – nos quieren hacer ver a los torturadores norteños, representados por lo heroicos espartanos que deben estar revolcándose en sus tumbas, como el bien absoluto y las persas como la encarnación de todo lo malo del universo así como los enemigos de la “ paz, la democracia y la libertad”.

Más que nada 300 es un film marcadamente racista e imperial, un film que no combate la guerra ni enseña nada en absoluto, a no ser a matar y odiar, un film que como es lógico esta hecho para complacer a la ideología del odio y el terror, y que, al menos para mi me hace pensar a donde va el arte cuando películas como estas corren mejor suerte de taquilla que otras como Hotel Ruanda y Algunas veces en Abril, verdaderas odas a la verdad histórica y que nos alertan de lo que puede llegar ser el mundo guiado por la violencia y nos muestran que tanta importancia le dan los Estados Unidos a la libertad, la paz y la democracia.

Quizá sea mejor para entender lo que intento decirles que tengan la visión iraní sobre el film. Les regalo aquí un articulo tomado de Rebelión de Nazanin Amirian.




Al servicio de la guerra contra Irán

Nazanín Amirian

Rebelión

"300" es el título de la polémica película estadounidense que narra, a su manera y basada en la versión escrita por Heródoto el historiador griego, la Batalla de las Termópilas entre las tropas iraníes encabezadas por el rey Jerjes I y las del rey espartano Leónidas I. Aunque la historia suele ser escrita por los vencedores, en este caso son los aliados de los vencidos quienes se han ocupado, en una gran superproducción, de justificar su interpretación en aquella guerra.

La manipulación de los hechos comienza con el mismo título de la película. Para demostrar la heroicidad los griegos ante el poderos ejército iraní, da la impresión que en el campo de la batalla sólo lucharon los 300 guerreros espartanos. ¡En absoluto es cierto! Pues, por un lado, cada espartano solía ir acompañado por dos siervos tespianos, por lo que eran 700. por otro lado se borra del mapa otros 6000 hombres aliados griegos compuestos por Tegeas, Mantineas, Orcómenos, Corintos, Fliuntes, Micenas, tespios, tebanos, focenses y locros entre otros. Los clásicos griegos, para justificar su derrota en aquella batalla cambiaron los datos y los hechos. Y así, por arte de magia, los 150 o 200 mil soldados persas se multiplicaron para alcanzar la imposible cifra de 5.283.220 hombres.

Una vez declarada la guerra, tanto las fuentes griegas como las persas afirman que Jerjes, tras conocer el tamaño reducido del ejercito enemigo, les pidió que se rindieran para no ser aniquilados, sin embargo, Leónides rechazó esta oferta. Fue un suicidio anunciado en el que aquellos héroes guerreros no tenían otro remedio que luchar hasta morir, tanto por el código de honor al que estaban atados como por tribunales de guerra que en el caso de huir o rendición les condenaban a muerte.

En esta nueva entrega de la publicidad en favor del "choque de civilizaciones" y una pura apología de la guerra y del racismo que ha batido el record de taquilla y de ganancias (¿un termómetro del grado de salud de nuestras sociedades?) se deslizan sutiles propagandas del “pensamiento único” que divide el mundo entre El Bien absoluto y El Mal absoluto, y que el primero es materializado en el cuerpo de hombres guapos, sexy, de ojos azules, fuertes y gracioso que hablan de "democracia y libertad" al puro estilo de marines norteamericanos en Irak, y el otro en figuras de tez oscura (¡da igual que, como es en este caso, el monarca ario de Persia sea dibujado como un tuareg africano con un turbante indio al estilo de Aladino!), monstruos deshumanizados, salvajes y sanguinarios.

Confieso que discrepo con mis compatriotas que reclaman la figura del Rey Jerjes I como la reencarnación de la bondad y compasión en sus conquistas. Creo que ningún mandatario que envía a sus tropas a destruir hogares y ciudades y arrasar vidas enteras puede ser un reclamo de lo moral y la ética. Aunque es cierto que la película –una extensión de Alejandro –otro film con un contenido parecido-, se exhibe justamente en el momento que el fantasma de una agresión militar merodea alrededor del pueblo iraní. Tampoco me importa si la película refleja la veracidad de los hechos históricos. Ya que tanto en aquella época como ahora, a quienes sus hogares son arrasados, sus hijos asesinados, sus mujeres violadas, sus sustentos robados da igual el color de la piel del aquellos que cometen estas salvajadas.

Las guerras televisadas y emitidas en directo como un espectáculo más, al menos nos deben de enseñar que no hay invasores buenos y malos, ni hay guerras buenas y malas. Las guerras mutilan, violan, aterrorizan y matan, sin contar las imborrables secuelas psicológicas que dejan para siempre. Las películas bélicas tiene la magia “negra” de hacer que nos pongamos en la piel del héroe, del vencedor y que inconscientemente disfrutemos del dolor ajeno, y convertirnos en los cómplices de aquellos crímenes. Silencian las causas de los conflictos, embellecen el sufrimiento con efectos especiales y habilidades escenográficas y camuflan la crueldad que un ser humano ejerce sobre otro “cumpliendo con su deber”.

Este tipo de películas lejos de darnos una lección para prevenir la peor tragedia que pude sufrir una comunidad humana, -la guerra, ese ingenio infernal de nuestra especie-, alimenta la industria de las armas, convertida en el principal negocio del planeta, y justifica la militarización global. Los gastos militares hoy alcanzan la cifra récord de 835.000 millones de euros, un 3,4% más con relación al año pasado. Tan solo con lo que se gasta en cuatro días en armamento en el mundo, se podría escolarizar 125 millones de niñas, y con un 10% se podría garantizar el acceso a los servicios básicos a toda la población humana: Las guerras son la principal causa de hambrunas en todo el mundo.

Frente a “300”os hay “Città aperta” de Roberto Rossellini o “Hiroshima, mon amour” entre otras, que nos invitan a una reflexión sobre la guerra, los desgarros humanos que produce, de sus niños huérfanos, sus mujeres pisoteadas y humilladas, y los hogares convertidos en un montón de escombros: se trata simplemente de recuperar la memoria, y abrir los ojos para ver y para mirar.

2 comentarios:

DANIEL JIMENEZ T. dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
DANIEL JIMENEZ T. dijo...

soy un apasionado por el arte y estoy en total desacuerdo de que bajo la excusa de la "fantasia e imaginación" que este permite, se atropelle a la historia y se atrofien nuestras raices. Que pasará cuando ya nadie mire atras y aprenda de los errores y de los aciertos del hombre en la historia?
Pues posiblemente (me atrevo a decir) que estariamos igual ó quizás peor a cómo estamos ahora...
La creatividad se produce en el contexto, en el manejo de lo veraz, de lo real como elemento clave de la imaginación y la fantasia que construye reflexión, no destruye el panorama desconocido ni lo disfraza con artilugios de lo que nunca ha sido...
vamos por la defensa de la historia, que aunque sea considerada por algunos historiadores "una versión unilateral de los hechos" esa versión es la que cada uno seguira construyendo de aqui en adelante y a nadie le gustaría que a su vida se le quite o se le agregue una coma bajo ningún argumento o si ?.

Juan
un saludo y un fuerte abrazo
te invito al igual que tu lo hiciste a visitar mi blog
www.mujerembotellada.blogspot.com
espero que dejes algún comentario